BUCARAMANGA, UN ESPACIO PARA LA ESTÉTICA

Por: Arq.  Antonio José Díaz Ardila

La reciente inauguración del Viaducto de la Carrera Novena, sobre las cañadas de  La Rosita y El Loro, y el desarrollo de los tres nuevos intercambiadores: el ya terminado de Neomundo  y los dos que inician su construcción en la Avenida Quebrada Seca, uno  sobre la carrera 27 y el otro sobre la carrera 15,  son motivo de orgullo para Bucaramanga y  de reflexión sobre los aspectos estéticos que deberían tener todos los elementos urbanos, para que logren realmente despertar el orgullo y pertinencia con la ciudad.

Debemos recordar que por iniciativa del anterior Alcalde, los diseños fueron realizados por muy importantes arquitectos y paisajistas, quienes además de los aspectos técnicos de ingeniería, aportaron una calidad estética indiscutible.

El  Viaducto de la Carrera Novena, diseñado por la empresa española Carlos Fernández Casado S.L. Oficina de Proyectos, ha tenido elogiosos comentarios y nace,  sin duda,  como un hito urbano de la mayor importancia, sobre una enorme zona verde  de preservación. Este espacio debe convertirse en un hermoso parque ecológico, de similares características al Parque Carlos Virviescas Pinzón, pero de mayores dimensiones y que se impida por todos los medios que se ocupe con desarrollos ilegales, como los que se tomaron hace 40 años la cañada de la Quebrada La Iglesia, bajo los viaducto García Cadena y Armando Puyana Puyana (conocido como La Flora).

Los tres Intercambiadores, el de Neomundo, del arquitecto Daniel Bonilla, quien logró una positiva integración con del Centro Comercial El  Cacique y respeto por el peatón; al igual que el de la Avenida Próspero Pinzón (carrera 27) con Quebrada Seca, del arquitecto Giancarlo Mazzanti Sierra, que pese a las críticas por la devastación arbórea, tiene generosos espacios que integrarán todo el entorno; y el de la Avenida El Libertador (carrera 15), del arquitecto Javier Vera, producirán  un fuerte impacto en una zona que clama por  una urgente  renovación urbana.

Sin demeritar los dos viejos viaductos, el Benjamín García Cadena, de 1970 y el Armando Puyana Puyana, de 1997, no “La Flora” -que lleva este nombre por Acuerdo 035 de 2007-, son obras sencillas de ingeniería que no buscaron la estética ni aportar una imagen o  silueta llamativa para la ciudad.

Los bumangueses nos sentimos orgullosos de estas obras y pronto se borrará de la memoria colectiva las demoras, problemas y sobrecostos en su ejecución, en cambio tendremos unas imágenes que identificarán a nuestra ciudad, además, del  mejoramiento en la movilidad, razón fundamental de estos proyectos.

Nos preguntamos si debería existir una norma que establezca unos criterios  lógicos de consulta popular abierta para definir los nombres de los elementos urbanos y no improvisar con ellos. Al Viaducto de la Carrera Novena, a menos de un mes de inaugurado, le han cambiado dos veces el nombre, primero Del Bicentenario y ahora Provincial, o mejor sería  “provisional” y tal vez un cuarto nombre, que será el ratificado en algunos meses por la ciudadanía. Recordemos que buena parte de los elementos urbanos  no se identifican por sus nombres “legales”, pomposamente aprobados por decretos, acuerdos u ordenanzas, si no por la voluntad mayoritaria de la comunidad.

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